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OBITUARIO

06 / 11 / 2008

Jardines del Santo Cristo

Miguel Hidalgo, 1228 Zona Centro

C.P. 25000, Saltillo, Coahuila

Tels.: 01 (844) 416 1828, 416 7707, 135 4472 y 416



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Monclova
06/11/2008 - 09:59:31 am
A los 78 años de edad, perdió la batalla contra la muerte don Jesús Sepúlveda García, quien llevaba meses intentando salir de una enfermedad que había terminado con su vida desde hace tiempo, pues para él vivir así ya no era lo mismo.

Familiares del hoy occiso darán el último adiós a quien fue una persona trabajadora, dedicada al cuidado de sus seres queridos, amante de su profesión de maestro, la cual lo llevó a obtener grandes logros académicos.

Jesús deja sola a su esposa Gabriela de Sepúlveda, quien lo cuidó durante los últimos años así como también a sus hijos, ya mayores y quienes han creado su propia familia, que son Jesús, Gabriel y Santiago.

Las caricaturas, además de los programas de entretenimiento, era lo que divirtió durante los últimos meses a don Jesús, quien además fomentó el hábito de la lectura entre sus hijos.

Vecinos de la colonia Independencia se reunirán hoy en la Iglesia de la colonia para despedirlo.
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Saltillo
06/11/2008 - 09:55:56 am
Carmen Ramos Guedea

Carmen Ramos Guedea, mejor conocida como Carmelita, abandonó este mundo a la edad de 77 años para reunirse con su esposo José Valero Medina en un lugar mejor lleno de paz y tranquilidad.

Carmelita siempre se distinguió por ser una mujer alegre, que disfrutaba cada instante y que estuvo rodeada por personas que la quisieron mucho.

Era hábil con el ganchillo y las agujas, por lo que sus hijos, pero sobre todo sus nietos, disfrutaron de algunas de sus manualidades, como muñecas, bolsas, aretes y demás artículos que elaboraba no sólo con sus manos, sino con amor.

Le sobreviven sus ocho hijos Mary, Pepe, Myrna, Jorge, Juan, Chuy, Luis y Claudia, así como sus 21 nietos y 2 bisnietas, quienes la recuerdan con amor, ya que fue una mujer que siempre brindaba cariño a quien se acercaba a ella, incluso acogió en sus brazos y corazón a quienes la adoptaban como “abuelita postiza”.

Algo que disfrutaba mucho era salir a pasear, caminar un poco y tomar el aire fresco. Comer algo fuera de casa y regresar satisfecha de una buena tarde en compañía de sus familias.

Perteneció a un grupo de oración que se reunía cada miércoles en su casa, donde además de rezar, compartían un momento con el sacerdote del templo cercano a su casa.

Siempre afrontó con fortaleza todas las adversidades, sobre todo la pérdida de su marido, con quien vivió desde su adolescencia y a quien recordó con cariño cada día de su vida.

Carmelita nunca dejó de sonreír, ni faltó a la graduación de sus nietos, ni olvidó la llamada telefónica de cumpleaños para cada uno de ellos o de sus hijos.

Era amante del café. Esta bebida fue su fiel compañera y su mejor confidente, que nunca faltaba en una tarde de frío o una mañana fresca.

Fue una mujer decidida con un excelente sentido del humor que siempre que sus nietos adolescentes le querían hacer una broma, siempre les salía contraproducente, ya que Carmelita siempre tenía una respuesta rápida e ingeniosa.

Los últimos días de su vida los pasó rodeada de su familia, feliz y tranquila por todo lo que había realizado, falleció el 3 de mayo del 2008, una fresca madrugada llena de estrellas.

“Te recordamos con mucho cariño tus hijos, nietos, bisnietos y amigos; te extrañamos cada día, pero sabemos que estás en un lugar mejor desde donde sigues velando por nosotros y nuestro bienestar”.

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Javier Eduardo Salinas Solís

Javier Eduardo Salinas Solís, penúltimo de siete hijos, nació en Saltillo, Coahuila, el 25 de julio de 1954. Fue hijo, esposo y hermano ejemplar hasta su cumpleaños número 55 del año 2008, fecha en la que partió a mejor vida, dejando un imborrable recuerdo de alegría y solidaridad.

Egresó del Tecnológico de Monterrey en la carrera de Ingeniero Bioquímico en el año de 1978, y seis años más tarde contrajo matrimonio con Raquel Inés García Gámez, instalando su residencia en Culiacán, Sinaloa, en donde su vida profesional prosperó hasta alcanzar el puesto deseado de gerente regional de Liconsa.

Su espíritu de ayuda logró rodearlo de muchos amigos y ser considerado por sus hermanos María Elena, Ema Mercedes, José Gustavo, Juan Roberto, Ana Lourdes y Héctor Miguel como el apoyo principal de su madre, Rosa Elena Solís Ruiz, a quien le gustaba acompañar todas las tardes mientras vivió en la ciudad.

Uno de sus mayores pasatiempos y con el que lo recuerdan sus amigos fue jugar basquetbol, en el que imprimía todo su entusiasmo saltando continuamente, por lo que adquirió el apodo de “El Conejo”, igualmente desarrolló una gran habilidad y gusto por el ajedrez.

Después de su fallecimiento su familia eligió la siguiente oración, propia de su personalidad, para recordarlo.

“Extráñame, pero déjame partir. Jesús, confío en ti, ¿por qué llorar por un alma liberada? Extráñame un poquito, pero no por mucho tiempo y no con la cabeza baja, acuérdate del amor que una vez compartimos. Extráñame, pero déjame partir. Este es un viaje que todos debemos hacer, que cada quien debe ir solo, no olvides que ya estoy gozando de la Gloria de Dios Nuestro Señor. Cuando te sientas solo y angustiado, busca amigos que conocimos y entierra tus penas con buenas acciones. ¡Extráñame, pero déjame partir!”.

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Vicente Sánchez Pérez

Falleció el 4 de noviembre a la edad de 87 años.

Con mucho cariño lo recuerda su esposa Josefina García Zúñiga, con quien se casó hace 50 años; ellos tuvieron nueve hijos: Celia, María de Jesús, Elba, María Luisa, Francisco, María del Rosario, María del Consuelo, María Enriqueta e Irene Sánchez García, quienes también guardan gratos recuerdos de su papá.

Don Vicente fue sastre, trabajo que realizaba con gran alegría y mucha dedicación. Lo más destacado de su labor fue realizar trajes para mariachis y grupos de ballet de Coahuila.

Duró 15 años en el oficio de sastre, fue muy conocido por los abogados, nació el 25 de abril de 1921 y su primer trabajo fue con don Aldegundo Garza.

Le gustaba degustar todo tipo de comida y su pasatiempo favorito era escuchar música clásica, se distinguió por su carácter inquebrantable y enseñó a su familia, con ejemplo y amor, a soportar los tiempos difíciles.

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Melesio Torres Hernández

Don Melesio murió a los 64 años el 4 de noviembre, nació en el mes de mayo de 1944 en Saltillo, Coahuila, sus padres fueron Maximino Torres y Adelaida Hernández y tuvo cinco hermanos, ellos son Micaela, Martha, Lázaro, Andrés y Lucía Torres.

Melesio estuvo casado 44 años con Santiaga Guerrero y tuvieron ocho hijos, Eusebio, José Luis, Javier, José Noé, Édgar Abel, Hilda Maribel, Érika y Brenda Torres Guerrero, quienes le dieron la dicha de conocer el amor de sus 25 nietos.

Trabajó por más de 20 años en Aguas de Saltillo y le gustaba criar ganado.

Se distinguió siempre por defender sus puntos de vista de manera enérgica y con gran temple, siempre racional; le gustaba hacer dulces de cajeta y su juego favorito era la baraja.

Fue un buen padre que le inculcó a sus hijos la responsabilidad y el amor al trabajo, su frase favorita era “Cualquier trabajo es bueno, siempre que sea honrado”.

Disfrutaba mucho dar un paseo por el campo.

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Bertha Alicia Banda Pérez

Bertha Alicia Banda Pérez falleció el 8 de octubre a la edad de 39 años, tuvo una vida feliz al lado de sus tres hijos Ángela Samantha Rodríguez Banda, de 19 años; William Eduardo Herrera Banda, de 11; y Sergio Armando Herrera Banda, de 6 años.

Bertha siempre procuró la unión familiar, trabajaba mucho para darles lo mejor a sus tres hijos, con quienes le gustaba mucho salir a comer y le gustaba platicar de cosas interesantes, ir al cine, salir a caminar, le placía mucho ver a sus hijos llenos de salud…en pocas palabras era una familia muy unida…

Aunque faltaba la imagen paternal, eso nunca fue obstáculo para Bertha, ella siempre sacó a sus hijos adelante con el apoyo de su familia que siempre estuvo a su lado.

Bertha ya está en el cielo y cómo un ángel cuidará de sus pequeños, en especial de su pequeño hijo Sergio Armando, quien precisamente cumplió sus 6 años de vida el día en que ella partió.

Ahora Bertha está en las manos de Dios, en paz y tranquila y sus tres hijos siempre la llevarán en su corazón y en su mente, recordándola como lo que siempre fue “la mejor mamá del mundo”.

“Bertha Alicia tus hijos siempre te recordaremos ¡sabes que te amamos y nunca te olvidaremos! Tus hijos Samantha, William y Sergio”.
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