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hace 11 meses
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Recuerdan legado del neonatólogo Carlos Humberto Lozano González

La huella del médico también quedó en los pequeños pacientes que sacó adelante

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Foto: Especial
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Monterrey,NL.- Referente de la neonatología local y nacional. Gran maestro y médico con extraordinario sentido humano. Padre de familia orgulloso.

Estas frases utilizan familiares y amigos para describir a Carlos Humberto Lozano González, quien murió el viernes pasado a los 77 años por complicaciones del Covid-19.

Tras estudiar el posdoctorado en Medicina Perinatal Pediátrica-Neonatología en la Universidad de California en San Diego, regresó a México y fundó el Departamento de Neonatología con la primera Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del País en el ISSSTE.

En Monterrey, llegó al Centro de Ginecología y Obstetricia, donde organizó el Departamento de Neonatología y originó la primera residencia formal de esta área en el sector privado con reconocimiento universitario. Aunque nació en la Ciudad de México, le llamaron sus raíces regias.

"Tenía la misión de salvar la vida de los niños prematuros mezclando alta tecnología con humanismo, un humanismo que nos transmitió a los que estábamos cerca de él", dice su esposa María Estela Flores, también pediatra. Estaban a punto de cumplir 36 años de matrimonio. Los logros, añade, continuaron en el plano familiar. Juntos criaron a tres hijos: Stephanie, Carlos Humberto y Jorge Alfredo.


"Fue un marido y un padre presente, un ejemplo, un guía. Me decía que nuestros hijos habían sido su mayor logro y platicaban, no para que ellos supieran de él, sino para que él supiera de ellos".

MAESTRO Y DOCTOR

"Conocí al doctor Carlos en 1989 cuando era residente de tercer año de pediatría en el Hospital Universitario. Después tomé la residencia que él fundó en el Centro de Ginecología por ahí de 1990", relata el pediatra neonatólogo Amarante Gutiérrez.

"Siempre lo consideré una persona valiosa, brillante y derecha. Era amable y atento con todos, y los que fuimos sus alumnos crecimos como profesionales con su tutela".


La huella del médico también quedó en los pequeños pacientes que sacó adelante.

"Él es entrañable para nosotros. Vio a nuestro hijo, Diego, desde el parto y recuerdo que, aparte de estar siempre atento y disponible, calmaba las inquietudes que vienen con ser papás primerizos. Ahora mi hijo tiene 17 años", indica Rogelio Mahuad.


Cruz Cantú, otra mamá que llevaba 17 años de conocer al pediatra, lo recuerda como un ser humano extraordinario, sumamente inteligente y con un impresionante espíritu de servicio y amor por la vida.

El legado del médico permanece, además, en las más de 100 publicaciones que hizo en journals académicos, así como en los 20 años que llevaba en el cuerpo médico del Hospital San José.



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